Las vacunas salvan vidas

Habiendo buena higiene, saneamiento y agua salubre, ¿sigue siendo necesaria la vacunación?

Sí, la vacunación sigue siendo necesaria.

A pesar de que las mejoras de la higiene, saneamiento, agua salubre y nutrición pueden reducir la incidencia de ciertas enfermedades, estas no son suficientes para detenerlas.

Si bien es cierto que las mejoras de la higiene, el saneamiento y la salubridad del agua ayudan a protegernos de las enfermedades infecciosas, muchas de ellas pueden propagarse independientemente de lo aseados que seamos. Como por ejemplo la varicela: La cantidad de casos de varicela en Estados Unidos a inicios de la década de 1990, antes de que se introdujera la vacuna en 1995, era aproximadamente de cuatro millones al año. Para 2004, la incidencia de la enfermedad había disminuido aproximadamente en un 85%. Quedando demostrado así el efecto de las vacunas frente a la higiene.

¿Son seguras las vacunas?

Las vacunas son muy seguras.

Todas las vacunas aprobadas son sometidas a pruebas rigurosas a lo largo de las diferentes fases de los ensayos clínicos, y siguen siendo evaluadas regularmente una vez comercializadas. Los científicos también siguen constantemente la información procedente de diferentes fuentes en busca de indicios de que una vacuna pueda tener efectos adversos.

La mayoría de las reacciones a las vacunas son leves y temporales, tales como el dolor y/o hinchazón en el lugar de inyección o la febrícula. Es muy poco común que los efectos secundarios sean graves y, en caso de ser así, los raros efectos colaterales graves notificados son investigados inmediatamente.

Es mucho más fácil padecer lesiones graves por una enfermedad prevenible mediante vacunación que por una vacuna. Por ejemplo, la poliomielitis puede causar parálisis; el sarampión puede causar encefalitis y ceguera, y algunas enfermedades prevenibles mediante vacunación incluso pueden ser mortales.

Aunque una sola lesión grave o muerte causada por las vacunas ya son demasiadas, los beneficios de la vacunación superan largamente los riesgos, y sin vacunas habría muchos más casos de enfermedad y muerte.

¿Es mejor la inmunidad proporcionada por las vacunas que la que adquirimos naturalmente al contraer dicha enfermedad?

Sí.

A pesar de que en algunos casos la inmunidad natural dura más que la inmunidad obtenida con la vacuna, los riesgos de infección natural sobrepasan con creces los riesgos implicados en las vacunas*. Esto se debe a que las vacunas interaccionan con el sistema inmunitario y producen una respuesta inmunitaria similar a la generada por las infecciones naturales, pero sin causar enfermedad ni poner a la persona inmunizada en riesgo de sufrir las posibles complicaciones de esta. En cambio, el obtener la inmunización a través de la infección natural consiste en adquirir la enfermedad, dando lugar a disfunción cognitiva en la infección por Haemophilus influenzae de tipo b (Hib), defectos congénitos en la rubéola, cáncer hepático en la hepatitis B o muerte por complicaciones en el sarampión.

*Por ejemplo, la infección por sarampión provoca encefalitis en 1 de cada 1.000 personas infectadas, y mata a 2 de cada 1.000. En contraposición, la vacuna conjugada MMR (sarampión, papera y rubéola) puede tener como resultado una reacción alérgica en solo 1 de cada 1.000.000 de personas vacunadas.

Por otro lado, las vacunas contra Hib y tétanos brindan una protección más eficaz que la infección natural

¿Necesito vacunarme contra enfermedades que no se ven en mi comunidad o en mi país?

Sí.

Aunque las enfermedades prevenibles mediante vacunación se han vuelto raras en muchos países, los agentes infecciosos que las causan siguen circulando en otros. En un mundo actual tan interconectado, pueden cruzar fácilmente las fronteras geográficas e infectar a cualquiera que no esté protegido.

Así, si se deja de vacunar de una enfermedad que ya no se da, esta puede llegar a resurgir porque se trata de enfermedades controladas, no han dejado de existir. Por ejemplo, se han producido brotes de sarampión en poblaciones no vacunadas de Alemania, Austria, Bélgica, Bulgaria, Dinamarca, España, Estados Unidos de América, Federación de Rusia, Francia, Grecia, Italia, Reino Unido, Serbia, Suiza y Tayikistán.

Además, los dos motivos principales para vacunarse son protegernos a nosotros mismos y a quienes nos rodean.

Este último se debe a que si en un grupo hay una tasa de vacunados suficiente —que depende de cada enfermedad, pero siempre es alta, nunca baja del 80% o 85%─ el microorganismo ya no puede circular efectivamente. Es decir, se bloquea la transmisión del agente infeccioso. El éxito de los programas de vacunación depende de que todos garanticemos el bienestar de todos, por lo tanto, cada uno de nosotros debemos hacer lo que está en nuestra mano para detener la propagación de enfermedades en nuestra comunidad.

¿Pude un niño recibir más de una vacuna a la vez?

Sí.

Los niños están expuestos diariamente a varios cientos de sustancias ajenas que desencadenan respuestas inmunitarias. Y son numerosas las bacterias que viven en la boca y la nariz. Debido a ello, es necesario protegerlos lo antes posible, pues a tan corta edad son más vulnerables.

En cuanto a la administración de varias vacunas al mismo tiempo, pruebas científicas revelan que no tiene efectos negativos en el sistema inmunitario del niño. Es decir, no sobrecargan ni debilitan su sistema inmune.

Y la principal ventaja es la necesidad de menos consultas, que ahorra tiempo y dinero.

Además, cuando es posible una vacunación combinada* (varias vacunas en un mismo preparado, por ejemplo, contra la difteria, el tétanos y la tos ferina) también se reduce el número de inyecciones y las molestias para el niño.

Por otro lado, en caso de tener que poner varias vacunas simultáneas* (varias vacunas en preparados diferentes) el mismo día, se ha visto que el estrés que sufre el niño es similar a si se le pone una sola inyección.

¿Necesito vacunarme contra la gripe?

Aunque se trate de una enfermedad común, la gripe mata entre 300 000 y 500 000 personas al año. Las embarazadas, los niños pequeños, los mayores con problemas de salud y cualquiera con enfermedades crónicas (como cardiopatías o asma) corren mayor riesgo de padecer esta enfermedad grave y morir. La vacunación de las embarazadas aporta el beneficio añadido de proteger a los recién nacidos, hecho importante puesto que no hay vacuna para los menores de 6 meses.

La vacunación es la mejor forma de reducir la probabilidad de padecer gripe grave y de contagiarla a los demás. Por ejemplo, durante 2016-2017, la vacunación contra la gripe previno aproximadamente 5.3 millones de enfermedades por la influenza, 2.6 millones de consultas al médico asociadas a la influenza y 85 000 hospitalizaciones asociadas a la influenza.

No obstante no es siempre efectiva al 100 por 100, pues existen varias cepas de virus de la gripe y estas varían constantemente. Por eso existe una nueva vacuna contra la gripe estacional cada año, ya que los investigadores eligen los virus que tienen más posibilidades de circular en el curso de la próxima temporada de gripe, y en base a estos se hace la vacuna para proteger contra las cepas más dominantes. Entonces cuando recibimos una vacuna contra la gripe estacional, no estamos recibiendo otra “dosis” más de la misma vacuna contra la gripe. En realidad recibimos protección contra un grupo totalmente nuevo de virus.

Evitar la gripe significa evitar costos añadidos en atención médica y pérdidas de ingresos por no ir a trabajar o a la escuela.

¿Crees que los conservantes de las vacunas pueden provocar daños?

No.

Existe cierta duda en la población sobre el uso de tiomersal, un compuesto orgánico que contiene mercurio y se añade a algunas vacunas como conservante para evitar la contaminación de los viales y el crecimiento de microorganismos, puesto que se ha relacionado erróneamente con el desarrollo de problemas cerebrales y efectos neurotoxicos. No obstante, no hay evidencias científicas que sustenten que las cantidades de tiomersal utilizadas en las vacunas supongan un riesgo para la salud, según recoge la OMS*.

Además, en 2001, el timerosal dejó de utilizarse como conservante de casi todas las vacunas tanto en Estados Unidos como en Europa. Esto quiere decir que, de existir la conexión entre el timerosal utilizado en las vacunas aplicadas a millones de niños en ambas regiones y las enfermedades neurológicas, el número de casos de esas enfermedades tendría que haberse reducido drásticamente. Eso no ha ocurrido.

*El Comité Consultivo Mundial sobre Seguridad de las Vacunas (GACVS) de la OMS, han examinado detenidamente durante más de 10 años los datos científicos acerca del uso del tiomersal como conservante de las vacunas. Llegando repetidamente a la misma conclusión: que no hay pruebas de que la cantidad de tiomersal utilizada en las vacunas suponga un riesgo para la salud.

Otros grupos de expertos (el Instituto de Medicina y la Academia de Pediatría de los EE.UU, el Comité de Seguridad de los Medicamentos del Reino Unido y la Agencia Europea de Medicamentos) han llegado a conclusiones similares.

En cuanto al aluminio, el Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría, afirma que no hay fundamento para preocuparse: “Las sales de aluminio se usan como adyuvantes de vacunas desde hace más de 70 años y nunca se ha relacionado ningún efecto adverso relacionado con el aluminio que contienen algunas vacunas”. La cantidad de aluminio en las vacunas es muy poco (menos del 1%), menos del que contienen de forma natural algunos alimentos habituales.

¿Crees que las vacunas se relacionan con el autismo?

No.

No hay ninguna prueba de la existencia de una relación entre las vacunas y el autismo o los trastornos del espectro autista.*

La idea de que desempeñan una función en el desarrollo de autismo fue provocada por un estudio de 1998, por el médico y cirujano británico Andrew Wakefield, el cual planteó la posible relación entre la vacuna triple vírica (sarampión, paperas y rubéola) y el autismo. Posteriormente se demostró que era fraudulento y tenía graves sesgos, por lo que fue retirado por la revista que lo publicó (the Lancet). Lamentablemente, esa publicación creó un estado de pánico que produjo una disminución de las tasas de inmunización y posteriores brotes de esas enfermedades.

*Para poder demostrar que no haya relación, un estudio de 2013 de los CDC de Estados Unidos realizó una investigación. El estudio se centró en el número de antígenos (sustancias en las vacunas que desencadenan la formación de anticuerpos y pueden causar una respuesta inmunitaria) de las vacunas durante los dos primeros años de vida. Uno de los ingredientes de la vacuna que se ha estudiado es el timerosal, un conservante a base de mercurio. Los resultados de la investigación muestran que el timerosal no causa autismo.

Otra investigación, realizada en Dinamarca, estudió a 657.461 nacidos en Dinamarca desde 1999 a 2010, y les siguieron desde el primer año de vida. En todos los casos se evaluó si los pequeños fueron vacunados, si habían sido diagnosticados con autismo, si tenían algún familiar con este trastorno neurobiológico o si tenía algún otro factor de riesgo para padecerlo. La incidencia, fue de 129,7 por cada 100.000 habitantes. No se observó ninguna diferencia entre los niños vacunados y los que no, y no se determinó ningún riesgo añadido para padecer TEA entre los vacunados. “Nuestra conclusión es que la vacuna trivírica no incrementa el riesgo de padecer autismo”.

¿Conoces la existencia del calendario vacunal para toda la vida en España?

El calendario único para toda la vida es el calendario vacunal que establece el ministerio de sanidad de España para cumplir las necesidades vacunales de nuestro país, teniendo en cuenta las características de sus habitantes. El ministerio de sanidad lleva unos años reforzando la idea de que la vacunación no es solo cosa de niños y la prevención es para todas las edades, este es el calendario vacunal recomendado para 2019.